martes, 20 de diciembre de 2016

Natalia Ginzburg y su Léxico familiar

Natalia Ginzburg (Palermo, 1916 - Roma, 1991). Hija de Giuseppe Levi y Lidia Tanzi, nació en Palermo en el seno de una familia acomodada de origen triestino-milanés, pero buena parte de su vida la pasó en Turín. En 1933 publicó su primer cuento, I bambini (Los niños), en la revista Solaria

Además de su intenso trabajo como editora y traductora, escribió novelas, cuentos, ensayos y obras de teatro. Su libro Léxico familiar recibió el premio Strega (1963), el máximo galardón literario de Italia.

«Mi oficio es escribir historias, cosas inventadas o cosas que recuerdo de mi vida, pero, en cualquier caso, historias, cosas en las que no tiene nada que ver la cultura, sino solo la memoria y la fantasía. Este es mi oficio, y lo haré hasta mi muerte. Estoy muy contenta con este oficio y no lo cambiaría por nada del mundo. Comprendí que era mi oficio hace mucho tiempo. Entre los cinco y los diez años tenía dudas, y a veces imaginaba que podía pintar, a veces que conquistaría países a caballo y otras que inventaría nuevas máquinas muy importantes»
Natalia Ginzburg
Las pequeñas virtudes

Léxico familiar (Lumen, 2016) puede interpretarse como un libro de memorias, pero para la autora es una novela en la que habla sobre su familia; un texto con personajes y situaciones reales en el que la ficción tiene el espacio que le concede no la imaginación sino el recuerdo.

Natalia Ginzburg narra lo que ella recuerda de su vida y construye un microcosmos íntimo, personal, un relato de lo cotidiano, de las pequeñas cosas que constituyen la vida de una familia. Pero no creemos que la familia sea el tema central de este diario, al hablar de las particulares de su entorno, la autora comparte su visión de la vida durante la guerra, en la que nunca expresa autocompasión, su postura política, siempre vinculada a la izquierda, su rebeldía ante la mujer insegura, frágil y dependiente de la figura masculina, sin hacer alarde de una postura feminista.
Sus recuerdos están hilvanados con su personal colección de frases, palabras, nombres, detalles, anécdotas y todo aquello que hace único al entorno en el que crecemos. 


Con Léxico familiar el lector empatiza fácilmente porque todos tenemos o compartimos un código singular, un lenguaje o vocabulario que nos remite a nuestro origen y nos dota de un sentido de pertenencia, un léxico familiar.


1963,  episodio n. 12 de "L'Approdo", programa cultural de la RAI, entrevista de Luigi Silori a Natalia Ginzburg, sobre su novela "Léxico familiar". La voz que introduce es la actriz Edmonda Aldini

«No creo que los novelistas, y las novelas que escriben, puedan ser útiles a la vida pública. Creo firmemente en su magnífica, maravillosa y libre inutilidad»
Natalia Ginzburg
Las tareas de casa y otros ensayos


Comienza a leer Léxico Familiar  (Editorial Lumen, 2016) y comparte tus comentarios

miércoles, 14 de diciembre de 2016

Maria Zef


Paola Drigo y el verismo italiano


Libro: Maria Zef
Autor: Paola Drigo
Editorial: Periférica (2016)

Paulina Maria Valeria Bianchetti  (Castelfranco, Veneto, 1876 – Padua, 1938), hija del conde Giuseppe Valerio Bianchetti y de Luigia Anna Loro (hija de un abogado y miembro del Parlamento italiano). Paola Drigo creció en un ambiente culto, aristocrático y sofisticado. A diferencia de otros escritores de la época (Sibilla, Grazia Deledda, Matilde Serao, Ada Negri eran autodidacta) cursa estudios superior, en el Liceo Canova, en Treviso (fue la primera mujer en la historia del instituto) y en la Escuela Normal de Padua. En 1898 se casó con el ingeniero y agrónomo Giulio Giovanni Drigo y en 1900 se trasladaron a vivir a Villa Soderini (Mussolente), una de las fincas agrícolas más grandes e importantes de la región de Véneto.
Hasta el comienzo de la Primera Guerra Mundial, Paola Drigo pasó las temporadas de invierno en Roma, donde estuvo activa en varios salones literarios. En 1912 sus historias y novelas comenzaron a aparecer en La Lettura (publicado por el Corriere della Sera). 
Su primera colección de cuentos, La fortuna, fue publicada por Emilio Treves en 1913. La reacción favorable tanto de los críticos como del público la llevó a colaborar regularmente con otras revistas literarias como, Nuova Antologia y L'Illustrazione Italiana.
Portada de la Revista La  Lettura, Milán, 1922
En 1926 falleció su marido y ella se hizo cargo de la administración de la finca hasta 1937, seguramente sin dejar de escribir ya que se conocen artículos y cuentos editados entre 1918 y 1932, año en que reaparece públicamente con la publicación de su tercera colección de cuentos Las Señorita Ana. En 1936 aparecerían sus novelas Fin de año y Maria Zef.
Sus últimos años los pasó en Padua con problemas de salud ocasionados por la depresión y una úlcera gástrica, Fin de año, su novela autobiográfica la escribiría postrada en la cama de un hospital. Falleció en Padua el 4 de enero a los 62 años.
Maria Zef. Es considerada una de las obras más representativas -aunque tardía- del verismo italiano (caracterizado por mostrar personajes, situaciones y emociones reales), y de la que el escritor Claudio Magris dijo:
«Como crítico, naturalmente, he seguido con interés en los últimos años la problemática de una explícita, consciente y autoconsciente escritura femenina. Como lector tiendo a menudo a olvidar, sobre todo en los textos que más me tocan, su componente más explícitamente ideológico. He tenido y tengo, de tal modo, una relación muy intensa con textos literarios no sólo escritos por mujeres, sino también expresiones de una escritura “a la femenina” (con todo lo que esto significa, desde la visión del mundo hasta el estilo, en términos impensables para una escritura masculina) que tendía a resolverse en el relato, en la narración de sucesos y en el modo de vivirlos, sin explícitos o sin demasiados explícitos postulados ideológicos. Así, por ejemplo —pero es sólo un ejemplo—, un libro como Maria Zef, de Paola Drigo (libro extraordinario, al cual no se le ha dado el lugar que merece en la literatura italiana de este siglo), es un gran libro femenino, que con seguridad no podría haber sido escrito por un hombre, y que afirma con tanta más fuerza su feminidad (en un sentido fuerte y arrasador, sin ninguna indulgencia con la feminidad tradicional vista y/o creada por los hombres) cuanto menos la exhibe.» Revista Nexos, septiembre, 1997

En Maria Zef, los personajes de Paola Drigo están creados con rasgos de la realidad de una Italia que comienza a dar pasos hacia la modernidad, una apertura que plantea a través de esos individuos miserables y desvalidos una luz hacia el cambio.
Si bien es cierto que Maria Zef es un relato desgarrador, es también un violento grito de esperanza que sugiere la posibilidad de modificar una realidad preestablecida y asumida por sus personajes: mujeres solitarias, pobres, sin educación, pero también mujeres fuertes, valientes, autónomas, sobrevivientes.
 
Paola Drigo
Paola Drigo no cuenta únicamente la tragedia de una niña huérfana, que no solo pierde a su madre sino la seguridad que le da su presencia en el hogar y que hereda la miseria y la responsabilidad de asumir el papel de adulto y el cuidado de su hermana menor; también parece que la autora desea que el lector se conmueva a través de la culpa de una sociedad que no es capaz de hacer nada frente a semejante desgracia y en contraste nos lleva dócilmente a lo largo de la historia disfrutando del paisaje, señalando la cultura popular de la región, y disfrutando de una excelente obra literaria. Una obra que casi quedó olvidada después de la II Guerra y que aunque el cine italiano intentó revivir en 1953 y 1981 no ha logrado tener el sitio que le corresponde en las páginas de la historia de la literatura italiana. 

Algunas de sus obras
Colecciones de historias cortas: La fortuna. Milán, Treves, 1913. Codino. Milán, Treves, 1918. La signorina Anna, Vicenza: Jacchia, 1932.
Novelas: Fine d'anno. Milán, Treves, 1936. Maria Zef. Milán, Treves, 1936.

sábado, 15 de octubre de 2016

Haru somos todos

Libro: Haru
Autor: Flavia Company
Editorial: Catedral (2016)

Cuando comenzamos la lectura de Haru prometemos no hacer preguntas sobre el origen de la historia, pero es evidente que surge desde lo más profundo de su autora, porque Haru llega como parte de un proceso de 35 años de escritura y es el cumplimiento de un sueño. Es el libro que la autora quería escribir pero también el libro que quería leer. 
Flavia Company ha perseguido el sueño de escribir y lo ha hecho con tenacidad durante más de tres décadas en las que no ha parado de publicar novelas, libros de relatos, textos juveniles o poesía, escribe con vocación y compromiso; el camino no ha sido fácil, múltiples actividades ocupan su tiempo y son las que financian su literatura, pero el resultado vale la pena, la obra de Flavia está libre de tendencias editoriales y compromisos preestablecidos, escribe con la libertad de su imaginación y la necesidad de contar las historias que quiere contar, aportando en cada trabajo lo mejor de sí misma. 
La escritora Flavia Company en el Librerío de la Plata (5 de octubre, 2016)
Haru transcurre en un lugar imaginario, un recurso literario como el que han creado García Márquez con Macondo o Rulfo con Comala, en el que el tiempo y los detalles son lejanos y a la vez tan familiares para los lectores, un lugar que si bien tiene connotaciones orientales y proporciona a la historia un ambiente suave, mesurado, reflexivo, podría ser en cualquier parte, porque lo que realmente importa es la vida de su protagonista. 

En una historia como esta -una historia universal- no importa el lugar o la tradición cultural a la que se acuda sino lo que se explica, porque el conocimiento, la experiencia, los sentimientos o la razón, pertenece a todo y a todos, de ahí la frase que tanto la autora como sus lectores han ido acuñando Haru somos todos. Flavia Company ha escrito la historia de uno y de todos, y como ella misma ha dicho en alguna entrevista, su trabajo ha sido escribir-nos.
La escritora Flavia Company con las integrantes del Taller de lectura Voces y ecos del andar femenino (Librerío de la Plata)
Haru es una historia de amor, amor al aprendizaje y a los maestros, a aquellos que en algún momento de nuestra vida nos han dado una de las cosas más valiosas: su tiempo y su experiencia. También amor por la cultura del esfuerzo y el respeto. La vida de Haru y su formación en el tiro con arco es una metáfora de la vida «no importa la diana sino el proceso del tiro que sale desde el corazón».

El elemento omnipresente en toda la novela es la naturaleza, razón por la que Haru contiene belleza, equilibro y le da a la historia una sensación atemporal esa que tienen las historias de tradición oral.
Haru es una historia de historias, que se cuenta desde la experiencia y la reflexión de la autora, pero sobre todo es una historia escrita, narrada desde la sensibilidad; si bien para sus descripciones Flavia Company indagó algunos detalles reales, no está basada en la investigación, la documentación o la recreación histórica, por eso se percibe tan humana, tan creíble porque la ficción, la imaginación y el conocimiento se funden y se entrelazan en la pluma de su autora.

«todos los libros que escribimos los escritores son nuestros sueños y el resultado siempre se parece mucho a lo que queríamos escribir. 
Pero Haru no se parece, es el sueño» 

Haru es una filosofía, una manera de ver la vida, el mundo. Hay una canción que dice “la felicidad no es un lugar, la felicidad es una forma de navegar por esta vida que es la mar”, el amor que propone Haru, es un estado y un deseo, un deseo que su autora su autora deseaba compartir y por fin se ha cumplido su sueño.



Pelos, vermut y lectura

Las Microlocas. el colectivo de escritoras formado por Teresa Serván, Isabel Wagemann, Isabel González y Eva Díaz Riobello, estuvieron en el Librerío de la Plata (Sabadell, Barcelona) para hablarnos de su libro de microrrelatos Pelos, publicado por Páginas de Espuma. 
Juan Casamayor, su editor, nos habló de este libro, dijo que nos encantaría, ellas eran asombrosas y teníamos que leer Pelos

¿Pelos? Sí, ese es el título, un título desconcertante, llamativo e intrigante que me causó gran curiosidad. 

El libro llegó por correo junto con una botellita de shampoo -habeís leído bien- una botellita de shampoo cuyos ingredientes indican «Aceite escencial de Eva Díaz Riobello, fragancia cítrica de Isabel González, Teresa Serván ligeramente desmineralizada, conservante natural Isabel Wagemann, colorante hidrosoluble Virgina Pedrero y altas dosis de activos espumosos».

Por si quedaba alguna duda el regalo incluye instrucciones de uso: 
«selecciona un cuento y distribuye la lectura de manera uniforme, aplicando un masaje sobre la imaginación, deja que haga efecto antes de pasar al siguiente relato, enjuaga con abundancia. Mejor si te entra en los ojos. Mejor si te pica. Suave para los ásperos. Bronco para los suaves. Aroma a olvido o deseo. Róbalo. Cómpralo. Regálalo. Úsalo como aliño en el plato enemigo. Escribe con su espuma te quiero en el espejo empañado de un baño».

Las instrucciones eran detalladas, precisas y muy tentadoras, así que sólo me quedaba ser atrevida, lanzarne a la aventura y pasar una primera sesión de ¡Pelos!

El primer microrrelato me encantó y ya no pude parar de leer; cuando digo el primero, no me refiero al número uno, porque la lectura no la hice en orden, iba abriendo el libro al azar, saltando de páginas y descubriendo cada uno los pelos (de los microrelatos), sin excepción, tienen color, textura, aroma, movimiento; son dulces, amargos, sensibles, contundentes, eróticos, ácidos. Toda la melena trenzada en once apartados que contienen más de un centenar de microrrelatos en los que no puedes parar de pensar, sonreír, suspirar, recordar, añorar, desear o sentir. En la segunda lectura me detuve con calma en las ilustraciones de Virgina Pedrero, que no solo son preciosas sino que son parte de cada historia.

Las Microlocas en el Librerío de la Plata

Después de la tercera y por fin, ordenada lectura, tenía muchas ganas de conocer a las Microlocas. La editorial Páginas de Espuma y el Librerío de la Plata organizaron un encuentro con los lectores el 1 de octubre de 2016 y ahí estuvieron Teresa Serván, Isabel Wagemann, Eva Díaz Riobello e Isabel González (en la distancia, pero muy presente en la lectura).
Ellas son fabulosas y nos hicieron disfrutar con sus comentarios, su buen humor y sus pelos, los de cada una y los de todas, porque ellas crean así, por separado y en conjunto. Trazan su proyecto y van escribiendo de manera individual, compartiendo impresiones y construyendo su propio universo para luego converger, discutir y unificar el texto que nos ofrecen como un todo congruente. Se dice fácil pero sin duda es un proceso complejo que da fe del oficio de estas cuatro escritoras.
Isabel Wagemann, Alma Reza, Teresa Serván, Eva Díaz Riobello
Pelos es un libro de microrrelatos que se lee una y otra vez, es un libro ilustrado con historias que se observan, historias con melodía propia a las que solo les faltan la percepción del lector.
¿Necesitas una lectura diferente? ¿tienes espíritu aventurero? o ¿te pica la curiosidad? Aquí puedes comenzar a leer estos Pelos
Nuestras recomendaciones de uso:
Leáse por la mañana, en el transporte público, de camino al trabajo, a la hora del descanso, entre comidas y alguna dosis antes de dormir. Leer, reflexionar y sobre todo, compartir. ¡Que los disfrutes!

martes, 20 de septiembre de 2016

Un sábado de PELOS

El colectivo de escritoras las Microlocas estarán en el Librerío de la Plata para presentar su último libro de microrelatos ilustrado por Virginia Pedrero y publicado por Páginas de Espuma: Pelos


Microlocas es el nombre adoptado por un colectivo de cuatro escritoras para crear un proyecto literario común en el que, sin renunciar en ningún momento a la creación individual, son capaces de cuestionar el concepto de autoría, las fronteras geográficas y de la lengua, el diálogo entre poéticas diferentes. Su debut se produjo en 2011 con el libro La aldea de F., al que siguieron la micronovela Post Mortem (2014, en Piedad y deseo) y los microcuentos de Casa vacía (2015, en Wollstonecraft. Hijas del horizonte). Pelos, ilustrado por Virginia Pedrero, es su último proyecto.

Microlocas son Eva Díaz Riobello, Isabel González, Teresa Serván e Isabel Wagemann.

Eva Díaz Riobello (Avilés, Asturias, 1980) es periodista y colaboradora habitual en radio. Sus textos han obtenido premios como el Jóvenes Talentos Booket o el Por favor, sea breve. Es autora del libro de cuentos Susurros en el tejado (2010), ganador del certamen Nuevos Creadores.

Isabel González (Ejea de los Caballeros, Zaragoza, 1972) creció en una gasolinera y publicó Casi tan salvaje (2012) en esta misma editorial. Es infografista, periodista y profesora de escritura. Fue incluida entre los representantes del Cuento español actual 1992- 2012 (2014).

Teresa Serván (Madrid, 1974) es especialista en juegos de mesa. Ha publicado su microficción en algunas de las más importantes antologías como Por favor, sea breve 1 y 2 (2001, 2010) o El ojo narrativo (2009), y en 2007 obtuvo el premio Movistar para relatos hiperbreves.

Isabel Wagemann (Valdivia, Chile, 1972) es periodista y fotógrafa y, además de publicar su microficción en diferentes revistas, ha sido incluida en antologías como Por favor, sea breve 2 (2010) o Parafilias ilustradas (2010). En 2013 obtuvo el premio chileno Santiago en 100 palabras.

lunes, 19 de septiembre de 2016

Flavia Company en el Librerío de la plata


El viatge ha sido siempre
una metáfora de la vida 
(Flavia Company) 

La escritora Flavia Company estará 
en el Librerío de la Plata para presentar su libro Haru 

Miércoles 5 de octubre a las 20h. 
Carrer de Sant Jaume, 8, 08201 Sabadell, (Barcelona)

miércoles, 14 de septiembre de 2016

Yoko Ono: La revolución silenciosa


El Museo Guggenheim Bilbao en colaboración con la Schirn Kunsthalle Frankfurt rindió homenaje y celebró la trayectoria de una mujer polémica, controvertida, única y vital: Yoko Ono. Half-A-Wind Show. Retrospectiva. La muestra organizada con motivo del ochenta aniversario de la artista, reunió 200 piezas que configuran un recorrido por su universo creativo a lo largo de cinco décadas, desde algunas de sus obras más significativas de los años 60 hasta sus más recientes creaciones, obras en papel, objetos, fotografía, videos, obras musicales e instalaciones.  Una exposición sorprendente que nos descubrió a una de las pioneras del arte conceptual y el performance.
Yoko Ono (Tokio, Japón, 1933), perteneciente a una aristocrática familia japonesa, vivió gran parte de su infancia y juventud entre Tokio, San Francisco y Nueva York, donde estudió filosofía, arte y música en prestigiosas instituciones como Gakushūin University (Tokio), Sarah Lawrence College (Nueva York), especializándose en composición y poesía contemporánea.
Antes de ser conocida como la mujer de John Lennon, en los años 60 Yoko Ono se consolidó como una figura destacada de la vanguardia neoyorquina y mantuvo una estrecha colaboración con otros artistas, como el músico John Cage, con el cineasta Jonas Mekas o George Maciunas, fundador del movimiento Fluxus (movimiento que se declaró contra el objeto artístico tradicional como mercancía y se proclamó a sí mismo como el antiarte).
A lo largo de la exposición deducimos que aunque Yoko Ono continúa identificándose con el movimiento Fluxus -porque en esencia significa flujo, cambio y su concepción del mundo es un cambo constante- su arte sigue manteniendo la esencia que la ha definido como una creadora conceptual, sus obras se basan en «la idea» y deja al espectador libre para sentir, proponer e imaginar otra cosa, simple y sencillamente, lo que él quiera.
Las claves para interpretar sus creaciones podemos encontrarlas en uno de sus libros Grapefruit Pomelo, (Ediciones de la Flor, Buenos Aires, 1970) una serie de instrucciones, frases poemas visuales, notas y reflexiones sobre conceptos, objetos, situaciones y sugerencias que animan al espectador a crear, continuar o terminar la propuesta artística.
«Mi pintura, que está toda ella compuesta de instrucciones (y concebida para que la hagan los otros), llegó después de que entraran en el mundo del arte el collage y el ensamblaje (1915) y el happening (1905). Si tenemos en cuanta la naturaleza de mi puntura, se puede utilizar cualquiera de las tres palabras mencionadas o una nueva en lugar de la palabra pintura. Pero me gusta la antigua palabra pintura porque conecta con la pintura mural y es bonita y divertida. Las que más me interesan de mis pinturas de instrucciones son las pinturas para construir en la cabeza En la cabeza, por ejemplo, una línea recta puede no existir como un segmento de una curva, sino como una línea recta. Además una línea puede ser curva, recta y algo más al mismo tiempo. Un punto puede existir como un objeto de 1,2,3,4,5,6 dimensiones simultáneamente o en diferentes momentos conforme a diferentes combinaciones, como uno quiere, se puede eliminar estas características. Una puesta de sol puede durar días. Uno puede comer todas las nubes del cielo. Se puede ensamblar un cuadro por teléfono con alguien que esté en el Polo Norte, como si se jugara al ajedrez. Este método pictórico se remonta a la época de la Segunda Guerra Mundial, cuando no había comida, y mi hermano y yo nos intercambiábamos menús por el aire.» Yoko Ono, Pomelo, (pág. 131-132)
Yoko Ono espera que el espectador sea su propio guía entrando a los espacios al azar, por lo que no hay un orden establecido. Es evidente que cada una de las obras presentadas invita a la reflexión personal, pero nos detenemos especialmente en dos de ellas Cut Piece y Ceiling Painting, Yes Painting, por su carácter rompedor y porque desmitifican el hecho de que la artista no tuviese sus propias inquietudes y reivindicaciones mucho antes de que el gran público la mirase solo como la pareja de uno de los integrantes del famoso grupo The Beatles.
En Cut Piece, estrenada en 1964 en Kioto y considerada un hito en la historia del arte del performance, observamos a Ono -gracias a un video grabado en 1965- sentada, inmóvil y en silencio mientras invitaba a la audiencia a subir a un escenario a cortarle a trozos la ropa. Con este acto invasivo proponía una reflexión sobre el arte y el espectador, sobre la intimidad y el cuerpo de la mujer, una propuesta que en la actualidad es  poco sugerente, pero que hace cincuenta años  era no sólo una provocación sino un motivo de persuasión sobre el arte y la imagen femenina. En el caso de la instalación Ceiling Painting, Yes Painting  presentada por primera vez en 1966 en la Indica Gallery de Londres, la artista invita al observador a trepar mentalmente a una escalera blanca situada en la sala, donde una lupa, sujeta  con una cadena, cuelga de un marco colocado en el techo. Una vez allí, al utilizar la lente de aumento el observador descubre la instrucción: “YES” (“SÍ”). Una obra también significativa pues fue a través de esta pieza como Yoko Ono conoció a John Lennon, quien conmovido por la positividad que transmitía, solicitó que le presentaran a la artista. Yoko Ono explica que en esa época estaba pasando por momentos muy difíciles y todo a su alrededor decía NO, por lo que necesitaba expresar un SI rotundo, en lo alto, como un grito.

Como parte de la exposición la instalación se trasladó también por las calles de Bilbao, grandes vallas publicitarias en diferentes puntos de la ciudad que contenían palabras/mensajes: Dream (sueña), Fly (vuela), Imagine (imagina). Frases como las de Pomelo con las que la artista, firme defensora de la paz, motiva al espectador a crear sus propios sueños. En entrevistas concedidas con motivo de su visita a la inauguración de la exposición, dio muestras de sus inquietudes y su entusiasmo por todo lo que le rodea, dice que cuando escribió Pomelo no imaginaba las repercusiones que tendría el uso de las computadoras, pero que de alguna manera estaba presente esa curiosidad por la pregunta/respuesta inmediata de la misma forma que ahora se utilizan aplicaciones como el twitter. Sobre su fuente de inspiración señala que sigue esperando que llegue «su gran momento». Con 81 años mantiene intacta su curiosidad, el gusto por aprender, se declara en plena exploración por un nuevo «yo» una búsqueda constante «porque sigo sin encontrar lo que quiero encontrar», porque para  ella el arte y la música son las grandes influencias del ser humano para cambiar el mundo. Para Yoko Ono, el arte es la revolución silenciosa que cambia el mundo.
Artículo publicado en la revista Polen UG ver artículo completo en el enlace

miércoles, 7 de septiembre de 2016

Ana Portnoy: un disparo al autor


Del 30 de enero al 8 de febrero de 2014 Barcelona celebró la novena edición de BCNegra 2014, un encuentro de novela negro criminal que reúne a los lectores con sus escritores favoritos. El evento, al que asisten más de seis mil personas, está comisariado por Paco Camarasa, propietario de la librería Negra y Criminal y se desarrolla en un increíble entorno amable y distendido. A lo largo de una treintena de mesas redondas se congregaron escritores, críticos especializados y sobre todo un público que desea charlar sobre el género negro criminal, pero también sobre otros temas de actualidad, política, literatura e incluso ciencia. Un evento en el que participan el Ayuntamiento de Barcelona, más de 40 editoriales, casi 30 librerías, Bibliotecas e instituciones culturales; no faltan sesiones de cine, clubs de lectura, ciclos de charlas, puntos de intercambio de discos y libros, y sobre todo un gran ambiente en el que se puede hablar de lo que más nos gusta a los que asistimos cada año: de libros. Aunque esta es la semana grande, a lo largo del mes de febrero se suceden más eventos vinculados con el género negro, como conferencias, cursos, talleres y exposiciones.
Como parte del programa de BCNegra 2014 se presentó una exposición de fotografía muy especial titulada Un disparo al autoruna muestra del excelente trabajo de la fotógrafa argentina afincada en Barcelona Ana Portnoy, quien desde hace años ha retratado a grandes escritores como Jorge Zepeda Patterson, Dona Leon, Petros Márkaris, Gustavo Forero, Maruja Torres y doscientos más. El anuncio de este evento en la programación nos pareció excepcional porque es una ocasión única de acercarnos a los autores, de ver su cara e imaginarnos cómo son. Ana Portnoy nos daba esa oportunidad y por ello le pedimos que nos concediera unos minutos, porque no para, y sigue retratando escritores en esta BCNegra 2014.
En nuestro encuentro, nos habló de sus inicios en el mundo de la fotografía, de sus primeras experiencias haciendo retratos familiares y de cómo ganó un concurso en el año 1988, con un reportaje que le permitió por primera vez adentrarse en una historia, y posteriormente colaborar durante cinco años con el dominical de El Periódico de Catalunya; también nos habló de su  trabajo de documentación gráfica en el mundo editorial y cómo a partir de ahí la fotografía tomó un lugar muy personal en su vida. “Hago fotos porque soy muy curiosa. Me gusta mirar, descubrir lo que percibo en un rostro. Y detener ese instante”.
Las fotografías de Ana Portnoy son entrañables pero sobre todo dicen algo, dicen muchas cosas. Con sus imágenes nos habla de un instante, ese que capta con sobriedad y elegancia, con sencillez y cercanía con el retratado, porque ella sabe captar el alma de la gente. Ella sabe mirar, parece que adivina el momento justo en el que la persona va a esbozar una sonrisa, por ejemplo, la del escritor griego Petros Márkaris; quienes hemos tenido el placer de leerlo o escuchado, lo imaginamos así, simpático, sarcástico, inteligente; esto es lo que nos ofrece Ana Portnoy, un instante efímero que capta con su lente, con su magia.
La exposición es sólo una muestra, unas cuantas fotos porque la sala es pequeña, hacer la selección, le resultó difícil y doloroso, porque no quería ofender a nadie, porque elegir el diez por ciento de más de doscientas fotos, era dejar fuera a casi todos; sin embargo sentía que era el momento de mostrar a los autores y de explicar una parte de esas historias reunidas en casi tres años de trabajo.
Siempre le gustó el cine y la literatura, pero fue en la fotografía en donde encontró su manera de comunicación, su modo de contar lo que ella ve, “mi gran obsesión es mirar”. Aprendió de fotógrafos como Carlos Bosch, Humberto Rivas y Elena Schelesinger y creó, sin lugar a dudas, su propio universo y una mirada muy personal.
Un elemento fundamental en su obra es la luz, nunca utiliza flash, recurre a la luz natural, en busca de la imagen sin artificio, en busca de la sencillez que le permita poner en primer plano a su protagonista, que le conceda captar y transmitir el momento efímero de una mirada, un gesto, una palabra contenida, un sentimiento. Ella quiere ofrecernos todo eso en una foto, un suspiro irrepetible que capta en un instante y comparte como un momento eterno.
Nos ofrece la posibilidad de tener algo efímero que permanezca, no importa si para ello en ocasiones la foto está un poco desenfocada, prefiere eso a perder el instante de una expresión. “Porque en la mirada hay algo que no cambia, pueden cambiar las arrugas, el pelo, pero en la mirada hay algo interior que permanece en el tiempo”.
Coincidimos en que para un lector, ver el retrato de un escritor, es casi la única oportunidad de acercarse a la persona. “Eso es lo que busco. A partir de lo que veo, me imagino cosas, es darle la oportunidad a otro de hacerse su propia historia, para que lo evoque según su propia sensibilidad”.
Reportaje de TVL'H del 6 de mayo de 2014 sobre la exposición fotográfica de Ana Portnoy,
"Un disparo al autor", en la Biblioteca la Bòbila
La fotógrafa busca siempre una imagen limpia, cómoda, transparente, su único objetivo es que el espectador vea lo ella vio, que recupere una y otra vez ese instante. Por eso es obsesiva con la luz, la busca, la elije, una luz frontal que no sea dura, nunca bajo el sol. En la búsqueda de la espontaneidad, incluso se arriesga “trabajo al límite del peligro” le gusta desenfocar el fondo para potenciar en primer plano al protagonista de su historia. Es rápida, muy rápida al disparar, da la impresión de que toma la foto sin pensar demasiado, pero es una improvisación muy estudiada, tiene claro lo que busca en cada foto. Debe ser muy rápida porque el gesto se descompone y lo que ella capta se esfuma en un instante. Se comunica con su retratado sin invadirlo, intenta que esté cómodo, relajado. Lo logra, porque entre otras cosas, en sus imágenes no hay artificio, no hay decorados, nada estorba, ni sobra, solo el protagonista y su alma, esa alma que Ana quiere captar, guardar y compartir.
“Hay fotos perfectas que no te dicen nada, quiero que la foto me evoque siempre algo, tal vez la foto no sea perfecta, pero me encanta captar esa expresión, buscar una sonrisa, un fondo desenfocado para que sea más claro que lo importante es la persona”.
La mayoría de las fotos de los escritores están tomadas en la calle “disparo cuando están desarmados” pero lo fundamental para la fotógrafa es que después ellos, cuando se vean, también se reconozcan. Sus fotos son un acto de complicidad que consigue con respeto y convicción, tiene muy claro que desea hacer retratos porque le gustan las personas y sus historias y está convencida que puede contárnoslas.
En el texto de presentación de la exposición, firmado por el escritor Carlos Zanón, leemos “Ana Portnoy es unos ojos, una voz y un corazón; unos ojos que miran, olvidan y perdonan, unos ojos que miran, aman y recuerdan. Ella mira y dispara. No mueve nada de sitio pero cuando guarda la cámara, ya nada es igual, como fotógrafa no molesta ni inoportuna, nunca dispara a quien no quiere, nunca deja prisioneros. Ella llega, dispara y no se va nunca”. Y eso es cierto, las fotografías de Ana Portnoy no se irán nunca, serán el momento efímero que guardemos en la memoria.
Artículo publicado en la revista Polen UG. Ver artículo completo en este enlace Ana Portnoy
Más información: http://www.anaportnoy.com/