viernes, 5 de junio de 2020

La mirada de Ana Portnoy

En la programación de la semana BCNegra 2014 vi que se anunciaba una exposición de la fotógrafa Ana Portnoy. No sabía quien era, ni dónde vivía, así que localicé su web y le envié un mensaje por correo electrónico. Media hora después sonó el teléfono, y para mi sorpresa dijo: Soy Ana Portnoy. También dijo que respondía a mi mensaje, porque le había gustado cómo le había pedido una entrevista, y aunque esa semana de novela negra estaba muy liada, me propuso encontrarnos en alguna de las pausas entre conferencias.
A mi lista de preguntas respondió con amabilidad, pero de manera entrecortada, antes de comenzar me advirtió que debía estar pendiente de que entraran o salieran autores para hacer sus fotos, así que de pronto me vi corriendo junto a ella, persiguiendo a uno y a otro, viendo como disparaba con rapidez y certeza, siempre con esa sonrisa, que después entendí, era lo que daba confianza a todos los que pasaban por su objetivo. 
Días después volví a comunicarme con ella para enviarle el artículo que había escrito, me pidió disculpas por que durante la entrevista no paramos de movernos de un sitio a otro y no habíamos podido conversar con tranquilidad. Pero verla en acción fue la mejor explicación sobre su trabajo, sobre quien era ella, sobre el cariño y el respeto que se ganaba con cada disparo. Así comenzó nuestra amistad y mi admiración por su trabajo creativo. Un paseo por su repertorio fotográfico es la mejor prueba de su talento, la habilidad y el cariño que ponía en cada retrato. Todas y cada una de las personas le devolvían al momento la sonrisa, la mirada, la emoción, todo quedó contenido en un instante hecho imagen, un suspiro que ahora es eterno.




Aquí trascribimos parte del artículo  publicado en la revista cultural Polen UG. Ver artículo completo aquí 

Un disparo al autor La exposición es una muestra del excelente trabajo de la fotógrafa argentina afincada en Barcelona Ana Portnoy, quien desde hace años ha retratado a grandes escritores como Jorge Zepeda Patterson, Dona Leon, Petros Márkaris, Gustavo Forero, Maruja Torres y doscientos más. El anuncio de este evento en la programación nos pareció excepcional porque es una ocasión única de acercarnos a los autores, de ver su cara e imaginarnos cómo son. Ana Portnoy nos daba esa oportunidad y por ello le pedimos que nos concediera unos minutos -porque no para- y sigue retratando escritores en esta BCNegra 2014.

En nuestro encuentro, nos habló de sus inicios en el mundo de la fotografía, de sus primeras experiencias haciendo retratos familiares y de cómo ganó un concurso en el año 1988, con un reportaje que le permitió por primera vez adentrarse en una historia, y posteriormente colaborar durante cinco años con el dominical de El Periódico de Catalunya; también nos habló de su  trabajo de documentación gráfica en el mundo editorial y cómo a partir de ahí la fotografía tomó un lugar muy personal en su vida. “Hago fotos porque soy muy curiosa. Me gusta mirar, descubrir lo que percibo en un rostro. Y detener ese instante”.
Las fotografías de Ana Portnoy son entrañables pero sobre todo dicen algo, dicen muchas cosas. Con sus imágenes nos habla de un instante, ese que capta con sobriedad y elegancia, con sencillez y cercanía con el retratado, porque ella sabe captar el alma de la gente. Ella sabe mirar, parece que adivina el momento justo en el que la persona va a esbozar una sonrisa, por ejemplo, la del escritor griego Petros Márkaris; quienes hemos tenido el placer de leerlo o escuchado, lo imaginamos así, simpático, sarcástico, inteligente; esto es lo que nos ofrece Ana Portnoy, un instante efímero que capta con su lente, con su magia.
La exposición es sólo una muestra, unas cuantas fotos porque la sala es pequeña, hacer la selección, le resultó difícil y doloroso, porque no quería ofender a nadie, porque elegir el diez por ciento de más de doscientas fotos, era dejar fuera a casi todos; sin embargo sentía que era el momento de mostrar a los autores y de explicar una parte de esas historias reunidas en casi tres años de trabajo.
Siempre le gustó el cine y la literatura, pero fue en la fotografía en donde encontró su manera de comunicación, su modo de contar lo que ella ve, “mi gran obsesión es mirar”. Aprendió de fotógrafos como Carlos Bosch, Humberto Rivas y Elena Schelesinger y creó, sin lugar a dudas, su propio universo y una mirada muy personal.
Un elemento fundamental en su obra es la luz, nunca utiliza flash, recurre a la luz natural, en busca de la imagen sin artificio, en busca de la sencillez que le permita poner en primer plano a su protagonista, que le conceda captar y transmitir el momento efímero de una mirada, un gesto, una palabra contenida, un sentimiento. Ella quiere ofrecernos todo eso en una foto, un suspiro irrepetible que capta en un instante y comparte como un momento eterno.
Nos ofrece la posibilidad de tener algo efímero que permanezca, no importa si para ello en ocasiones la foto está un poco desenfocada, prefiere eso a perder el instante de una expresión. “Porque en la mirada hay algo que no cambia, pueden cambiar las arrugas, el pelo, pero en la mirada hay algo interior que permanece en el tiempo”.
Coincidimos en que para un lector, ver el retrato de un escritor, es casi la única oportunidad de acercarse a la persona. “Eso es lo que busco. A partir de lo que veo, me imagino cosas, es darle la oportunidad a otro de hacerse su propia historia, para que lo evoque según su propia sensibilidad”.
Reportaje de TVL'H del 6 de mayo de 2014 sobre la exposición fotográfica de Ana Portnoy,
"Un disparo al autor", en la Biblioteca la Bòbila
La fotógrafa busca siempre una imagen limpia, cómoda, transparente, su único objetivo es que el espectador vea lo ella vio, que recupere una y otra vez ese instante. Por eso es obsesiva con la luz, la busca, la elije, una luz frontal que no sea dura, nunca bajo el sol. En la búsqueda de la espontaneidad, incluso se arriesga “trabajo al límite del peligro” le gusta desenfocar el fondo para potenciar en primer plano al protagonista de su historia. Es rápida, muy rápida al disparar, da la impresión de que toma la foto sin pensar demasiado, pero es una improvisación muy estudiada, tiene claro lo que busca en cada foto. Debe ser muy rápida porque el gesto se descompone y lo que ella capta se esfuma en un instante. Se comunica con su retratado sin invadirlo, intenta que esté cómodo, relajado. Lo logra, porque entre otras cosas, en sus imágenes no hay artificio, no hay decorados, nada estorba, ni sobra, solo el protagonista y su alma, esa alma que Ana quiere captar, guardar y compartir.
“Hay fotos perfectas que no te dicen nada, quiero que la foto me evoque siempre algo, tal vez la foto no sea perfecta, pero me encanta captar esa expresión, buscar una sonrisa, un fondo desenfocado para que sea más claro que lo importante es la persona”.
La mayoría de las fotos de los escritores están tomadas en la calle “disparo cuando están desarmados” pero lo fundamental para la fotógrafa es que después ellos, cuando se vean, también se reconozcan. Sus fotos son un acto de complicidad que consigue con respeto y convicción, tiene muy claro que desea hacer retratos porque le gustan las personas y sus historias y está convencida que puede contárnoslas.
En el texto de presentación de la exposición, firmado por el escritor Carlos Zanón, leemos “Ana Portnoy es unos ojos, una voz y un corazón; unos ojos que miran, olvidan y perdonan, unos ojos que miran, aman y recuerdan. Ella mira y dispara. No mueve nada de sitio pero cuando guarda la cámara, ya nada es igual, como fotógrafa no molesta ni inoportuna, nunca dispara a quien no quiere, nunca deja prisioneros. Ella llega, dispara y no se va nunca”. Y eso es cierto, las fotografías de Ana Portnoy no se irán nunca, serán el momento efímero que guardemos en la memoria.