miércoles, 14 de septiembre de 2016

Yoko Ono: La revolución silenciosa


El Museo Guggenheim Bilbao en colaboración con la Schirn Kunsthalle Frankfurt rindió homenaje y celebró la trayectoria de una mujer polémica, controvertida, única y vital: Yoko Ono. Half-A-Wind Show. Retrospectiva. La muestra organizada con motivo del ochenta aniversario de la artista, reunió 200 piezas que configuran un recorrido por su universo creativo a lo largo de cinco décadas, desde algunas de sus obras más significativas de los años 60 hasta sus más recientes creaciones, obras en papel, objetos, fotografía, videos, obras musicales e instalaciones.  Una exposición sorprendente que nos descubrió a una de las pioneras del arte conceptual y el performance.
Yoko Ono (Tokio, Japón, 1933), perteneciente a una aristocrática familia japonesa, vivió gran parte de su infancia y juventud entre Tokio, San Francisco y Nueva York, donde estudió filosofía, arte y música en prestigiosas instituciones como Gakushūin University (Tokio), Sarah Lawrence College (Nueva York), especializándose en composición y poesía contemporánea.
Antes de ser conocida como la mujer de John Lennon, en los años 60 Yoko Ono se consolidó como una figura destacada de la vanguardia neoyorquina y mantuvo una estrecha colaboración con otros artistas, como el músico John Cage, con el cineasta Jonas Mekas o George Maciunas, fundador del movimiento Fluxus (movimiento que se declaró contra el objeto artístico tradicional como mercancía y se proclamó a sí mismo como el antiarte).
A lo largo de la exposición deducimos que aunque Yoko Ono continúa identificándose con el movimiento Fluxus -porque en esencia significa flujo, cambio y su concepción del mundo es un cambo constante- su arte sigue manteniendo la esencia que la ha definido como una creadora conceptual, sus obras se basan en «la idea» y deja al espectador libre para sentir, proponer e imaginar otra cosa, simple y sencillamente, lo que él quiera.
Las claves para interpretar sus creaciones podemos encontrarlas en uno de sus libros Grapefruit Pomelo, (Ediciones de la Flor, Buenos Aires, 1970) una serie de instrucciones, frases poemas visuales, notas y reflexiones sobre conceptos, objetos, situaciones y sugerencias que animan al espectador a crear, continuar o terminar la propuesta artística.
«Mi pintura, que está toda ella compuesta de instrucciones (y concebida para que la hagan los otros), llegó después de que entraran en el mundo del arte el collage y el ensamblaje (1915) y el happening (1905). Si tenemos en cuanta la naturaleza de mi puntura, se puede utilizar cualquiera de las tres palabras mencionadas o una nueva en lugar de la palabra pintura. Pero me gusta la antigua palabra pintura porque conecta con la pintura mural y es bonita y divertida. Las que más me interesan de mis pinturas de instrucciones son las pinturas para construir en la cabeza En la cabeza, por ejemplo, una línea recta puede no existir como un segmento de una curva, sino como una línea recta. Además una línea puede ser curva, recta y algo más al mismo tiempo. Un punto puede existir como un objeto de 1,2,3,4,5,6 dimensiones simultáneamente o en diferentes momentos conforme a diferentes combinaciones, como uno quiere, se puede eliminar estas características. Una puesta de sol puede durar días. Uno puede comer todas las nubes del cielo. Se puede ensamblar un cuadro por teléfono con alguien que esté en el Polo Norte, como si se jugara al ajedrez. Este método pictórico se remonta a la época de la Segunda Guerra Mundial, cuando no había comida, y mi hermano y yo nos intercambiábamos menús por el aire.» Yoko Ono, Pomelo, (pág. 131-132)
Yoko Ono espera que el espectador sea su propio guía entrando a los espacios al azar, por lo que no hay un orden establecido. Es evidente que cada una de las obras presentadas invita a la reflexión personal, pero nos detenemos especialmente en dos de ellas Cut Piece y Ceiling Painting, Yes Painting, por su carácter rompedor y porque desmitifican el hecho de que la artista no tuviese sus propias inquietudes y reivindicaciones mucho antes de que el gran público la mirase solo como la pareja de uno de los integrantes del famoso grupo The Beatles.
En Cut Piece, estrenada en 1964 en Kioto y considerada un hito en la historia del arte del performance, observamos a Ono -gracias a un video grabado en 1965- sentada, inmóvil y en silencio mientras invitaba a la audiencia a subir a un escenario a cortarle a trozos la ropa. Con este acto invasivo proponía una reflexión sobre el arte y el espectador, sobre la intimidad y el cuerpo de la mujer, una propuesta que en la actualidad es  poco sugerente, pero que hace cincuenta años  era no sólo una provocación sino un motivo de persuasión sobre el arte y la imagen femenina. En el caso de la instalación Ceiling Painting, Yes Painting  presentada por primera vez en 1966 en la Indica Gallery de Londres, la artista invita al observador a trepar mentalmente a una escalera blanca situada en la sala, donde una lupa, sujeta  con una cadena, cuelga de un marco colocado en el techo. Una vez allí, al utilizar la lente de aumento el observador descubre la instrucción: “YES” (“SÍ”). Una obra también significativa pues fue a través de esta pieza como Yoko Ono conoció a John Lennon, quien conmovido por la positividad que transmitía, solicitó que le presentaran a la artista. Yoko Ono explica que en esa época estaba pasando por momentos muy difíciles y todo a su alrededor decía NO, por lo que necesitaba expresar un SI rotundo, en lo alto, como un grito.

Como parte de la exposición la instalación se trasladó también por las calles de Bilbao, grandes vallas publicitarias en diferentes puntos de la ciudad que contenían palabras/mensajes: Dream (sueña), Fly (vuela), Imagine (imagina). Frases como las de Pomelo con las que la artista, firme defensora de la paz, motiva al espectador a crear sus propios sueños. En entrevistas concedidas con motivo de su visita a la inauguración de la exposición, dio muestras de sus inquietudes y su entusiasmo por todo lo que le rodea, dice que cuando escribió Pomelo no imaginaba las repercusiones que tendría el uso de las computadoras, pero que de alguna manera estaba presente esa curiosidad por la pregunta/respuesta inmediata de la misma forma que ahora se utilizan aplicaciones como el twitter. Sobre su fuente de inspiración señala que sigue esperando que llegue «su gran momento». Con 81 años mantiene intacta su curiosidad, el gusto por aprender, se declara en plena exploración por un nuevo «yo» una búsqueda constante «porque sigo sin encontrar lo que quiero encontrar», porque para  ella el arte y la música son las grandes influencias del ser humano para cambiar el mundo. Para Yoko Ono, el arte es la revolución silenciosa que cambia el mundo.
Artículo publicado en la revista Polen UG ver artículo completo en el enlace